martes, 30 de octubre de 2012

Una foto, un recuerdo


Cabo Finisterre
Puente de la Inmaculada de 2004

         La otra tarde estuve ojeando fotografías, de las muchas que tenemos en casa. Y se me cruzó ésta, que desde siempre me ha gustado de una manera especial. No por calidad, sino por lo que me muestra.
         En la imagen, en mi imagen, es el tiempo en que el sol decide acostarse entre las sábanas azuladas del mar infinito y parece derretirse y fundirse con ellas, hasta que su fuerza y vigor las vuelve doradas haciéndolas propias y la tierra como la vida misma, agreste y pedregosa, parece derramarse sobre ellos, mar y sol, para diluirse como un azucarillo en una reconfortante infusión; nosotros, en el centro, al comienzo de todo, somos como el mascarón de proa del velero que surca la vida.
         Mirando alegres, confiados y optimistas hacia el futuro que nos espera y conscientes del pasado; de lo mucho que hemos ido  dejando atrás.
Un pasado que como el mar que tenemos detrás, es inmenso y apacible, con mínimas olas que baten sobre la tierra.
Una tierra cuyos caminos y veredas se han ido haciendo poco a poco a base de constancia y esfuerzo. 
Ella, mi mujer, abrazada a mí, como la hiedra a su pared. Sin definir si es la enredadera la que necesita a la pared o es la pared la que no sería igual sin la perspicaz planta.
         Yo, ofreciéndome cuando parezco recoger. Recibiendo cuando me doy.
Y la luz, esa luz que nos acompaña desde siempre, que más que bañarnos parece envolvernos, que reverbera en nuestros ojos dándonos una calidez que así, a solas, mejor conseguimos.

Jaén, 13 noviembre 2008

2 comentarios:

  1. Paco, debe ser una foto estupenda, porque sin verla la he imaginado.

    Y eso de la enredadera, me ha encantado :)

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    1. Ya digo que la foto no tiene una calidad excepcional, pero para mí es muy evocadora. La cuestión es que con mis palabras tú idees esa foto, ese momento.

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