jueves, 6 de marzo de 2014

Chari Leiva (www.charileiva.com) ha realizado una exposición de acuarelas que nada más entrar a la sala, te absorbe y cautiva. De alguna de sus visiones, la gente de "Café de Palabras" hemos plasmado lo que ellas nos provocan. Aquí os dejo mis sentimientos hacia ellas. No son cuentos, son sensaciones.


Tras los árboles
La música absorbía el ruido del motor del auto que engullía los kilómetros con suma rapidez. Los árboles pasaban y pasaban hasta parecer una cortina inacabable. Al fondo, una gota en el infinito fue creciendo a la par que los latidos de mi corazón. Accioné el freno con suavidad, merecía la pena disfrutar la visión; el lago de mi niñez me esperaba ya a pocos metros. Paré totalmente, recosté un poco el asiento y encendí un cigarrillo.

¿Qué hace estacionado en el centro de la calzada? ¡Documentación, por favor!


La Magdalena, por favor
Faltaban unos días para las elecciones municipales, cuando los ediles, con chaqueta y sonrisa de fiesta se acercaron al barrio más antiguo de la ciudad; ofrecian prosperidad, modernidad, bienestar… Y como flores en primavera fueron creciendo decenas de falos metálicos, agresores de rótulas, espinillas y carrocerías de coches. Violadores de un entorno olvidado y despreciado por todos. Ahora, los pinetes abollados, caídos, arrancados; los adoquines, levantados o hundidos; las farolas inservibles.
¿Cuándo serán las próximas elecciones?


El viejo
Se colocó frente a mí, su mirada se me clavó a través de los límpidos cristales de sus gafas; era de súplica, de amistad. Me pidió compartir un chato de vino y me percaté que no lo necesitaba para su sangre, más bien para su corazón. Me habló, continuo y pausado, más con los ojos que con la palabra. Me di cuenta que no buscaba saciar su adicción, sino cubrir un hueco. No me pedía una limosna, me regalaba su amistad a cambio de mi paciencia. Lo escuché y poco a poco me fue llenando.

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